un grupo de personas que no conocía
hablaron toda la noche
de fútbol
de infancias
de kilómetros de nervios
cuando amaneció
no canto un gallo
ni ladró un perro
sí sopló un aire frío
en las caras mojadas,
lo justo de asearse
de echarse una chaqueta por encima
el agente judicial fue puntual
las 9.30
venía acompañado de un sol a su espalda
saliendo entre nubes
y eso en una mañana de noviembre
se agradece
en el portal del edificio
una aglomeración de cuerpos y silencio
Joel y la alegría,
Joel y un papel que le tiembla en las manos,
dice; moratoria hasta febrero
para entonces el frío será más intenso
pero hoy en estas horas
la alegría y Joel
y las personas que acudieron a detener el tiempo.
Ayer en Alicante me lo contó C, que llegó pronto al lugar del desahucio y no vio a nadie en la calle ni en el portal. Porque todos estaban con Joel en su casa, y de no ver a nadie, verlo todo; la solidaridad es una cosa como esta, tu tiempo en el tiempo de los otros.
Y C, lo primero que me dijo fue, tengo una alegría grandísima y automáticamente a mí se me pegó un poco, bastante, muchísima de esa alegría. Y lo que cunde, vaya que sí. Vaya que sí.
¡Ea!
*

1 comentarios:
Una alegría sí, pero parece que pasajera.
Me toca ver, por mi trabajo, tanta subasta de inmuebles, que al final de la jornada, me da la sensación que va a haber más gente en la calle que en sus casas.
un beso.
Publicar un comentario en la entrada