31 de diciembre de 2008

Albert Camus/Hay que imaginarse a Sísifo dichoso.



Los dioses habían condenado a Sísifo a empujar sin cesar una roca
hasta la cima de una montaña,
desde donde la piedra volvería a caer por su propio peso.


Habían pensado con algún fundamento
que no hay castigo más terrible
que el trabajo inútil y sin esperanza.













...




Dejo a Sísifo al pie de la montaña. Se vuelve a encontrar siempre su carga.
Pero Sísifo enseña la fidelidad superior que niega a los dioses y levanta las rocas.
Él también juzga que todo está bien.
Este universo en adelante sin amo no le parece estéril ni fútil.
Cada uno de los granos de esta piedra, cada trozo mineral de esta montaña llena de oscuridad forma por sí solo un mundo.
El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre.


Albert Camus

*