3 de febrero de 2009

Pacho Igartua





"La Chimbera"


Recuerdo muy bien el momento de su nacimiento. Tuve la inmensa fortuna de asistir en calidad de invitado especial a su primera bocanada de aire, a su primer llanto, a su primer turbio vistazo al mundo que le estaba esperando… Fue algo mágico que difícilmente se puede percibir fuera del sendero de los sentimientos. A trancas y barrancas, lo digo por mí, han pasado doce años, calza un cuarenta y dos, mide casi metro sesenta, y si quiero ir a su lado por la calle no sería mala idea robarle la zancada al propio Gasol.

El primero de septiembre mi hijo mayor cumplirá doce años de feliz existencia, que siempre los recordará como los más dichosos de su vida hasta la fecha. Lo celebraremos en la casa que mis suegros tienen en el campo y me pasaré el día despotricando –soy así de gruñón- por la maldita climatología de la zona, capaz de congelar hasta los propios pensamientos. Procuraré ponerme cerca de la chimenea y comportarme como es debido.

Este año no hemos debatido en exceso el tema del regalo porque estaba más que cantado. Revolviendo entre decenas de cacharros almacenados en la parte de atrás del viejo caserón, aparecieron a principios de verano unas cuantas chimberas casi inservibles y algunos arcos, con los que jugaban mis cuñados cuando eran pequeños. Los niños parecen haberse aficionado a estos juegos, así que habrá que estar más tiempo con ellos.

Me causa cierta desazón el asunto de la chimbera. Yo nunca he tenido este tipo de artilugios, pero es que tampoco tenía una casa de campo.

 Pacho Igartua 
Blogs El Correo- 26 Ago 2008

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