5 de junio de 2009

Un árbol cae en medio de un bosque



 poema para el chico Carradine



Aletea 
no reconoce la niebla como suya
  tiene los ojos abiertos
  desgreñados
 
Cordial
purificada, nuestra ofrenda  
son espadas risueñas 
como dientes

han de extraviarle
del agua, de la carne

desprenderle
de la aurora dislocada

cortésmente
se lo digo 


los inmolados aquí
albergan prados

que
muchos fueron tras él
que corrieron 
pero no le alcanzaron

para que de aquí a la eternidad 

no ande entristecido

*