24 de abril de 2011

A dónde iremos a parar



Te mueres y la gente no se entera. El banco, imperturbable, sigue enviando extractos con los últimos movimientos de tu cuenta corriente. Durante muchos años, los ordenadores de la administración, de las distribuidoras, preservan tus apellidos, los congelan; custodian domicilios deshabitados. Las impresoras escupirán tu nombre a cada tanto en recibos de luz, contribuciones, ofertas y folletos comerciales. Tus dedos abrirán cientos de sobres dirigidos a tu atención, una atención que ya se ha disipado. Pasarán más de mil años, muchos más, antes de que te absuelvan del listín telefónico. No importan los años que hayan pasado: siempre habrá algún registro que te recordará, tu nombre enquistado en alguna parte. Pero te mueres, sí, y la gente no se entera. También murieron otros y tú, como si nada, Y toda esta desidia no va más que a peor. Los muertos, indignados, se preguntarán: adónde iremos a parar.

de Materiales para una expedición

ULTIMOS MOVIMIENTOS


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