24 de marzo de 2009

27 +1

Lo primero.

Esperando el tranvía, Un amigo me habla sobre su apasionante viaje (Africa con pulsera) sazonando mi declarada envidia con muchas  anécdotas sobre costumbres y fronteras.



Le ofrezco una escucha flotante, pero no dejo de observar que me está recordando por momentos a Herta Frankel






Perdona cari, Estaba a punto de preguntarte una cosa,

-Dime..

.


¿Estoy notándote cierta debilidad, al pronunciar la erre? 



-Si, 

Y carraspea de pura felicidad sobrevenida, pues sí, desde pequeñito.
Me lo pegó mi primo Francisco. 
¿Es carismático verdad?


Respondo cabeceando afirmativamente.

Contagiada repentinamente de un optimismo loco, hago un gesto para captar la atención de un vendedor de "ciegos" pues dentro de mí donde no hay fronteras, siento que es el momento de comprar.
El vendedor en la acera, Con muy buena voz va promocionando La Torre (33), La Campana (40), El Perro (38)...

¿Tiene la luna? (07) Digo. 

Rasga un cupón de un racimo prendido en su pecho y que está rizándose un poco debido a la humedad con que hoy nos ha sorprendido Marzo.

-Nena, no tengo la luna pero llevo la zanahoria (57)
y como en esto de "los ciegos" la luna y la zanahoria son casi iguales, he comprado dos, así invitaba a suerte a mi amigo.

Tengo el cupón acabado en 57 guardado en el bolso. No lo miro hasta mañana, por ahora todo es posible.





Lo segundo. Enciende la luna el próximo 28.


Todo es posible

*