21 de junio de 2011

Fábula extrema y dura



"Todo se desmorona"



Hubo una vez que todos los pájaros fueron invitados a un banquete en el cielo. Estaban muy contentos y empezaron a prepararse para el gran día. Se pintaron el cuerpo con madera de cam roja y se hicieron hermosos dibujos con uli.
    Tortuga vio estos preparativos y pronto descubrió lo que significaba todo. Nada de lo que pasaba en el mundo de los animales escapaba nunca a su atención: Tortuga era muy listo. En cuanto se enteró del gran banquete que iba a haber en el cielo empezó a picarle la garganta sólo de pensarlo. Había una hambruna por entonces y Tortuga llevaba dos lunas sin comer una comida en condiciones. Le tintineaba el cuerpo como el trozo de un palito seco dentro de la oquedad de su caparazón. Así que empezó a planear como podía ir al cielo.
    Tortuga no tenía alas, pero fue a los pájaros y les pidió que le dejaran ir con ellos.
    --Te conocemos demasiado bien --dijeron los pájaros después de oírle-- Eres muy listo y eres un ingrato. Si te dejásemos venir con nosotros pronto empezarías a hacer de las tuyas.
    --Vosotros no me conocéis --dijo Tortuga-- .He cambiado. He aprendido que el que perjudica a los demás se perjudica también a sí mismo.
    Tortuga sabía hablar muy bien y al poco rato todos los pájaros acabaron convenciéndose de que había cambiado y cada uno de ellos le dio una pluma, y se hizo dos alas.
    Por fin llegó el gran día y Tortuga fue el primero que llegó al lugar de la cita. Cuando estuvieron todos los pájaros reunidos, levantaron el vuelo todos juntos. Tortuga se puso muy contento y parlanchín allí volando entre los pájaros y pronto le eligieron para que hablara por el grupo porque era un gran orador.
    Hay una cosa importante que no debemos olvidar --dijo mientras iban volando--. Cuando la gente está invitada a un banquete como éste, adopta nombres nuevos para la ocasión. Nuestros anfitriones del cielo esperarán que nosotros respetemos esa antigua costumbre.
    Ninguno de los pájaros había oído hablar de aquella costumbre pero sabían que Tortuga, a pesar de sus fallos en otros aspectos, era una persona muy viajada que conocía las costumbres de muchos pueblos. Así que adoptó cada uno un nombre nuevo. Cuando ya habían escogido todos un nombre, Tortuga eligió el suyo. Él iba a llamarse Todos vosotros.
    Por fin el grupo llegó al cielo y los anfitriones se pusieron muy contentos al verles. Tortuga se plantó delante de ellos con su plumaje de bellos colores y les dio las gracias por su invitación. Su discurso fue tan elocuente que todos los pájaros se alegraron de haberle llevado, y asentían con la cabeza aprobando todo lo que decía. Los anfitriones le tomaron por el rey de los pájaros, sobre todo porque parecía algo distinto a los demás.
    Después de que trajeron nueces de cola y las comieron, la gente del cielo puso delante de los invitados los platos más exquisitos que Tortuga hubiese podido ver o imaginar. La sopa la llevaron caliente del fuego y en las misma olla en que había sido cocinada. Estaba llena de carne y de pescado. Tortuga empezó a olisquear sonoramente. Había ñame molido y también potaje de ñame hecho con aceite de palma y pescado fresco. Había también cántaros de vino de palma. Cuando estuvo ya todo servido delante de los invitados, uno de los del cielo se adelantó y probó un poco de cada olla. Luego invitó a los pájaros a comer. Pero Tortuga se levantó rápidamente y preguntó:
    --¿Para quién habéis preparado esta fiesta?
    --Para todos vosotros --contestó el otro.
    Tortuga se volvió a los pájaros y dijo:
    --Recordáis que me llamo Todos vosotros. Aquí la costumbre es servir al portavoz primero y a los otros después. Os servirán cuando yo haya comido.
    Empezó a comer y los pájaros gruñían furiosos. La gente del cielo creyó que tenían por costumbre dejar toda la comida para su rey. Y así Tortuga comió lo mejor de lo que habían servido y bebió dos cántaros de vino de palma, hasta que quedó harto ya de comer y beber y llenó toda la concha de su cuerpo.
    Los pájaros se juntaron para comer lo que quedaba y para picotear los huesos que Tortuga había tirado por el suelo. Algunos de ellos estaban demasiado furiosos para poder comer. Prefirieron volver volando a casa con el estómago vacío. Pero antes de irse recuperaron cada uno la pluma que le habían prestado a Tortuga.
    Y allí se quedó Tortuga con su caparazón duro, lleno de comida y de vino pero sin alas para poder volar a casa. Les pidió a los pájaros que le dieran un recado a su mujer, pero todos se negaron. Al final Loro, que era el que más furioso se había puesto, cambió de pronto de opinión y aceptó llevar el recado.
    Dile a mi esposa --dijo Tortuga-- que saque todas las cosas blandas que hay en mi casa y que cubra el recinto con ellas para que pueda yo saltar desde el cielo hasta allí sin hacerme demasiado daño.
    Loro prometió dar el recado, y se fue volando. Pero cuando llegó a casa de Tortuga le dijo a su esposa que sacara todas las cosas duras de la casa. Así que sacó las azadas de su marido, los machetes, las lanzas, los fusiles y hasta un cañón que tenía. Tortuga miró hacia abajo desde el cielo y vio que su mujer estaba sacando cosas, pero estaba demasiado lejos para ver qué eran. Cuando estuvo todo listo se dejó caer. Fue cayendo y cayendo y cayendo hasta que empezó a temer que no pararía nunca de caer. Y luego se estrello contra su recinto con un estruendo que fue como el estampido de su cañón.
    Se le hizo pedazos el caparazón. Pero había un hechicero muy bueno en el vecindario. La esposa de Tortuga le mandó llamar y él reunió todos los pedacitos de caparazón y los pegó. Ésa es la razón de que el caparazón de Tortuga no sea liso.


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